El discurso del Amo en The Great Wall. Donald Trump como artista contemporáneo.

Por: Sofía Sienra Chaves (Universidad Autónoma del Estado de México)*

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A veces una idea descabellada, inútil y absurda, puede generar asombro e incluso cierta simpatía. Pensemos el inmenso repertorio de producciones artísticas que circulan por bienales, ferias y escuelas de arte del mundo entero, levantando a su paso asombro y polémica. Todas esas propuestas pueden resultar más o menos interesantes o chistosas, y pasan generalmente desapercibidas, hasta que se conoce su precio.

Si alguna persona dedica su tiempo a alguna tarea improbable e improductiva, como coleccionar envoltorios de caramelos, corchos de vino o chicles mascados, lo vemos con curiosidad o incluso, con cierta admiración (Qué perseverante y apasionado!) Pero esa actitud de empatía cambia drásticamente, cuando nos enteramos que “eso” se vende por cientos, miles o millones de dólares, según el caso. Allí la curiosidad da paso a la indignación. (¿Acaso me están tomando el pelo? ¿Se están burlando de mí?).

Digamos que mientras no “cueste nada” se trata solo de la ociosidad o la ocurrencia del otro y por lo tanto resulta tolerable (Que haga lo que quiera con su tiempo y su dinero). Pero cuando ese capricho individual, esa acción fútil, pretende ingresar en una esfera social como producto con cierto valor cultural y económico, allí es donde aparece la sospecha, la incomodidad e incluso la rabia (Qué estupidez! No puedo creer que alguien pague tanto por esa basura).

En el mismo sentido, el gesto de Trump de alzar lo que él ha denominado “The Great Wall”[i] podría remitirnos a la insensatez propia de un rico-loco, al mejor estilo Gog, que imagina y lleva adelante los más insólitos emprendimientos[ii]. Pero aquí debemos subrayar que el punto crítico de la propuesta de Trump no es la afirmación: “Voy a construir un Gran Muro en la frontera”, sino que: “México pagará su construcción”.

Por supuesto que Estados Unidos (EE.UU.) podría y cuenta con los recursos, para construir el muro de manera autónoma. China lo hizo en su momento, construyendo una muralla casi diez veces mas larga, que se ve desde la luna y está considerada una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo. Pero en este caso, la potencia (cínica) del acto, consiste en la participación del sometido en su propio sometimiento.

En realidad el muro, materialmente hablando, no es lo más nuevo ni lo más relevante.[iii] El aspecto clave, aquí como en el arte contemporáneo, parece ser no tanto el resultado sino el proceso.

The Great Wall ¿Work in progress?

Imaginemos este proyecto como una pieza de arte participativo. En lugar de la frecuentada propuesta al estilo recolectar trapos sucios de los trabajadores de los semáforos, que luego serán bordados por mujeres en la cárcel y montados en una galería para ser vendidos en la exposición de cierto “Artista político”, El Gran Muro, que pretende poner un freno a la inmigración, sería pagado con un impuesto a las remesas que los propios inmigrantes envían a sus familias que permanecen del otro lado. (Qué audaz!).

En ambos casos, encontramos una retórica asombrosamente similar. El Artista que utiliza al Otro (marginal, carenciado) para obtener un rédito de ello (ya sea simbólico o económico), y El Gran Muro levantado para “protegerse” de los inmigrantes y pagado por ellos mismos.

Formalmente, este tipo de enunciación se podría asociar con lo que Lacan desarrolló como “El discurso del Amo”[iv], en el cual se genera una relación de sometimiento a la vez que de dependencia del Otro. En la relación Amo-esclavo, es el Amo quien depende mayoritariamente del esclavo y no a la inversa. El Amo supone que el otro posee un valor, un saber o una fuerza, que mediante una operación debe extraer para su propio beneficio. Esta operación es el sometimiento, la manipulación o la explotación.

El Amo necesita del esclavo para configurar su propia superioridad, ya que solo en ese vínculo puede erigirse como sujeto dominante. La circunstancia de “pagar el muro” no refiere a una dependencia económica, sino simbólica y afectiva, ante todo. El muro necesita ser pagado por México, porque así se mantendrá la supremacía de EE.UU.

En este sentido, The Great Wall no es de concreto ni de alambre, sino de las relaciones de manipulación y sometimiento implícitas en su construcción. Por ello resulta tan atroz el planteamiento, porque habilita de manera institucional el ejercicio de formas de violencia y discriminación, que pasan a replicarse legítimamente en la micro-escala.[v]

Trump ¿Artista contemporáneo?

Así, llegamos al postulado que considera a Donald Trump como prototipo ejemplar de un cierto tipo de artista contemporáneo: el Artista con mayúsculas. En ambos casos se trataría de sujetos que buscan sobresalir a cualquier precio, que se asumen como seres especiales, completos y, por ende, superiores. Como expone Hito Steyerl:

Parece impredecible, volátil, temperamental, guiado por la inspiración y el genio. Tal y como cualquier oligarca que anhela ser un dictador quisiera verse a sí mismo. La concepción tradicional del papel del artista se corresponde demasiado bien con la imagen que de sí tienen los aspirantes a autócratas que ven el gobierno potencialmente –y peligrosamente– como una obra de arte[vi].

¿Es este tipo de Artista inherente al capitalismo? Franz Kafka, en su último escrito[vii] aborda el vínculo que se establece entre el artista y el resto de la sociedad, la cual es aparentemente imposible en el pueblo de los ratones —una metáfora de la sociedad comunista— ya que Josefina la cantora demanda un trato especial por ser artista, quiere distinguirse de los demás y pretende que se la exima del trabajo para cuidar su voz. Sin embargo, los ratones consideran que todos deben trabajar por igual, que nadie debe recibir un trato especial, porque nadie es especial. Josefina insiste en reclamar el reconocimiento de la comunidad, cosa que nunca sucede, a pesar del trato indudablemente paternalista que existe hacia ella. Josefina entonces, amenaza con dejar de cantar, aunque ello no parece preocupar demasiado a la población. A propósito de este relato, Slavoj Žižek menciona que:

(…) la plena confianza de Josefina en sí misma es percibida por la gente como un inofensivo y más bien ridículo narcisismo que debería, con delicadeza pero con ironía, ser tolerado y sostenido. Así es como los artistas deberían ser tratados en una sociedad comunista: elogiados y halagados pero sin que se les otorgue el disfrute de ningún privilegio material.[viii]

Desde mi perspectiva, y salvando las distancias que hay entre nuestra  sociedad y la de los ratones que describe Kafka, considero que “soportar” la necesidad de admiración de los artistas, o proclamarlos como innecesarios no son las únicas alternativas. Tampoco se trata de desprestigiar al arte ni a los artistas contemporáneos, sino más bien detectar los resabios aún vigentes del paradigma del Artista-genio en distintos ámbitos culturales e ideológicos, y explorar otras posibilidades. ¿Cómo provocar enunciaciones disidentes frente a estas retóricas de la dominación?

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[i] Ver tuit de @realDonaldTrump

[ii] Al respecto resulta interesante revisar las distintas propuestas que rápidamente artistas, diseñadores y arquitectos replicaron para evidenciar el carácter absurdo, ofensivo e inútil de la empresa: Luis Camnitzer, Josh Begley y el Estudio 3.14, entre otros.

[iii] De hecho, EE.UU. ya cuenta con más de 1000 km. de división fronteriza aprobada por el Congreso desde la administración Bush, e incluso se manejan otras formas más efectivas aunque inciertas, como el control mediante sensores y video-vigilancia de la frontera. Ver la nota de El Universal  y el libro de M. Dear Why Walls Won’t Work.

[iv] Lacan, Jacques (2008) Seminario 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

[v] Al respecto de la reciente proliferación de actos de discriminación y grupos nacionalistas “higienistas” extremos se puede revisar el documental de Jorge Ramos Sembrando odio.

[vi] Steyerl, Hito (2016) “Políticas del arte: el arte contemporáneo y la transición posdemocrática”, Los condenados a la pantalla. Buenos Aires: Caja Negra. P. 98.

[vii] Kafka, Franz (2011) “Josefina la Cantora o El pueblo de los ratones” en Kafka, La Condena, Madrid: Alianza.

[viii] Žižek, Slavoj (2012) ¡Bienvenidos a tiempos interesantes! La Paz: Txalaparta. P.132.

 

*Maestra en Estudios Visuales por la Universidad Autónoma del Estado de México y profesora en la Facultad de Artes de la misma institución. Sus campos de interés se centran en el cruce entre arte, política y tecnología, en la epistemología del arte y los estudios latinoamericanos. Perfil completo en: https://uaemex.academia.edu/SofíaElenaSienraChaves

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