La fotografía familiar afectiva

Por: Susana Rodríguez Aguilar (UNAM)*

Una versión de nosotros muere siempre que muere alguien que amamos y que nos ama, porque esa persona se lleva su mirada sobre nosotros, que es única.

Eliane Brum.

En tiempos en los que la fotografía personal y familiar se multiplican y difunden al por mayor en redes socio-digitales; cuando lo privado ha pasado a ser público, cuando lo regional ha pasado a ser nacional y lo nacional a ser internacional o global, todo ello con el apoyo de plataformas o formatos digitales; vincular el afecto y la fotografía a través de la filosofía es, sin duda, una provocación.

Regresar a los clásicos: Homero, Santo Tomás, San Agustín, René Descartes y Aristóteles [filósofo que cumplió 2400 años de nacido en el 2016, año de Aristóteles] y entrelazarlos con autores contemporáneos: José Ortega y Gasset, Roland Barthes, Franz Kafka y Juan Rulfo [jalisciense que será recordado en este 2017, Año de Rulfo. El escritor Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació hace cien años, el 16 de mayo de 1917] es una tarea poco común.

También, todo un reto aterrizar conceptos como el afecto, la mirada, la fotografía y la familia; e interpretar al filósofo holandés Baruch Spinoza para aplicar su estructura conceptual sobre el afecto en la fotografía familiar (los padres, la maternidad/hijos/hermanos/sobrinos, los amantes). La propuesta doctoral de Blanca Ruiz afrontó estos retos con destreza y creatividad.

El objetivo central de la investigación fue “analizar la obra fotográfica que representa el afecto”; campo poco abordado y menos aún teorizado. Incluso, el concepto de afecto de Baruch Spinoza fue aplicado en su momento en el arte, la cultura y la literatura, pero no así en la fotografía; por supuesto tampoco en la fotografía familiar. De ahí una de las líneas que marcó la investigadora, tras establecer que para Spinoza “los seres humanos son fundamentalmente seres afectivos que experimentan la naturaleza y existencia con la expresión de los afectos: deseos, gozos, tristezas”. La unión consistió en “afectar y ser afectado, pero entre uno y otro estado se produce una transición, se cruza un umbral: el afecto es atravesar ese umbral”.

Como imagen material, la fotografía fue utilizada por su naturaleza técnica, tras tener la capacidad de representar visualmente objetos y personas, mismos que “devienen en recuerdo vivo del ser humano, del entorno que lo rodea, objetos, pertenencias, familia, sociedad”. En cuanto al sujeto, es decir el fotógrafo, éste fue abordado “a partir de la manera en cómo se acerca”, en cómo ve e interpreta los afectos que le rodean. En la forma en cómo mira a sus afectos.

El camino para aprender consiste simplemente en mirar, diría el recién fallecido crítico de arte John Peter Berger: “mirar lo que te guste, confiar en tus sentimientos y recordar que también tus sentimientos pueden cambiar con el tiempo”.

Así, para Blanca Ruiz la clave para explicar la conjunción y el binomio foto-fotógrafo estuvo precisamente en la mirada, “como acto corporal sensitivo; un acto de los sentidos, pero también de las emociones: la mirada expresa el carácter, el sentido, el estado anímico del alma; (de corta o larga profundidad, de suavidad o aspereza, miradas que se prenden de otra mirada), la mirada del ser humano expresa una emoción determinada por los afectos que se experimenta ante los demás”.

Además, Ruiz estableció que “la mirada no puede estar cruzada de brazos, encerrada, sin ver la luz, sin encontrarse con el otro. ¿Qué sería de una cámara sin tener algo que mirar? ¿O de algún espejo sin el brillo de los ojos? La mirada necesita encontrar alguien que la reciba y proporcione una experiencia que puede ser significativa, amorosa, apasionada, la mirada va en ida y vuelta, es una flecha que va y regresa (y en su vuelo lleva afectación) porque el mirar conlleva una actitud, una emoción, que nos lleva a entrelazarnos con ese algo, con ese alguien, con los otros que son, precisamente, el blanco de la flecha”.

Mientras que, para explicar el cómo se transportó el afecto a la imagen, la también reportera y maestra en historia del arte se apoyó en fuentes documentales y entrevistas, que derivaron en estudios de caso. La fotografía familiar afectiva que delimitó, incluyó a fotógrafos contemporáneos conocidos en México e incluso varios de ellos reconocidos internacionalmente: Pedro Meyer, Richard Avedon, Elsa Medina, Javier Ramírez Limón, Mariela Sancari, Luis Enrique García, María José Sesma, Fernando Montiel Klint, Gilberto Chen, Gilván Barreto, Elena Salazar Trejo, Ana Casas, Luis González Palma, Yvonne Venegas, Xunka López Díaz, Roberto Tondopó, Annie Liebovitz, Félix González-Torres, Antonie de Agata y Carlos León Sandoval.

Por último, en el traslado de la carga afectiva a la fotografía, considero relevante destacar el apartado correspondiente a “la familia y los movimientos sociales”, donde Ruiz abordó los contextos de algunos de los conflictos bélicos del siglo pasado. Las rupturas de lo social, de lo cotidiano, de lo comunitario, de lo familiar; así como la separación o pérdida de los afectos. En particular, el apoyo afectivo que se da entre aquellos que tienen lazos de sangre.

En este último elemento y por el aporte que hace la investigación a una de las fotografías tomadas por el fotorreportero zacatecano Pedro Valtierra, la que se conoce como la bala o el balazo, transcribo parte del análisis y descripción que realizó Ruiz; no sin antes mencionar que, en su momento, dicha imagen la identifiqué y señalé como uno de los materiales que trascendió al autor e incluso al medio en el que fue publicada, el diario mexicano unomásuno.

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(Foto: Rodas/2017)

Incluso, dicha foto extendió su valor periodístico al valor estético, y con el transcurrir del tiempo la fotografía destacó del pequeño espacio que se le asignó en la diagramación en que fue compaginada, el 29 de junio de 1979, es decir la parte inferior izquierda de la página 8 [Relato social e histórico en las fotografías de Pedro Valtierra, revista Universitarios Potosinos, número 192, octubre de 2015, pp. 30-32].

Esta imagen, estableció Blanca Ruiz, “más allá de constituir un documento histórico del movimiento insurgente de los sandinistas que tumbó a Anastasio Somoza; también se inscribe en el orden afectivo familiar: representa un cálido abrazo de dos hermanos sobrevivientes que encuentran su propio olor familiar, entre el olor de la guerra: ella con la herida de bala en el antebrazo derecho, recibe el afecto de su hermano, quien le cubre la frente con un paño y la consuela en un breve momento arrancado al caos que privaba en ese entonces en el hospital improvisado de la Cruz Roja, en el barrio El Dorado, de Nicaragua”.

“En esta toma es decisivo el enfoque de Valtierra, quien se colocó al nivel de los hermanos, sintetizando en este abrazo la carga emotiva que se entrecruza con las balas”.

Así, la investigación que dirigió el doctor y también fotógrafo Gerardo Suter Latour, no sólo se circunscribe a los conceptos y a la historia de la fotografía familiar; los 20 casos abordados y analizados también dan respuesta a preguntas tales como: ¿Cuáles son los afectos que representa la fotografía contemporánea? ¿Qué es el afecto? ¿Qué es el afecto en la fotografía?  Y lo principal, qué habremos de entender por fotografía familiar afectiva.

Ahora, corresponderá no sólo a los estudiosos de las artes y en particular de la fotografía usar y comentar este trabajo académico. Las aportaciones a la historia de la fotografía, a la historia de las mentalidades y por supuesto a la historia de las emociones pueden identificarse a lo largo de este trabajo. La intertextualidad de esta investigación bien merece una mirada, debido a que “la vista llega antes que las palabras”.

Virtud aparte, la excelente redacción que permite leer y disfrutar la tesis doctoral de Blanca Magdalena Ruiz Pérez, “El viaje de los afectos: la representación del afecto en la fotografía familiar”, sustentada en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, el 10 de diciembre del año 2015.

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(Foto: Rodas/2017)

* Susana ha ejercido la docencia, el periodismo y la investigación histórica, la UNAM le reconoce los grados de licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva y de maestría en Historia. Algunos de sus materiales pueden encontrarse en: http://www.researchgate.net/profile/Susana_Aguilar2/publications

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