AUDIOVISUAL AMATEUR EN INTERNET

Por Adriana M Moreno (CEIICH-UNAM)[1]

Este texto contiene apartes de la ponencia titulada Homecasting: Ecos del pasado, dualidades del presente”, presentada por la autora en el año 2015 en el Congreso de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación.

Al igual que con los cambios que se produjeron al introducir la luz eléctrica en las ciudades modernas, convirtiendolas en espacios que nunca dormian, cuando la iluminación rompió la idea de la ciudad ensombrecida, ajena al ciudadano, para “evidenciarse” ante éste, en perpetua exposición y aparente transparencia (Hernandez, 2010), una ciudad que podía ser recorrida a cualquier hora gracias a la iluminación, actualmente vivimos también una suerte de continuum consustancial, un vuelco en la temporalidad del sujeto producido por un régimen de deslumbramiento permanente (Virilio, 1998). Estos flujos continuos, este on-line constante, este no poder desconectarse, trastoca en formas similares la discontinuidad de los ritmos, lo que obliga a los sujetos a estar actualizándose constantemente para ir adaptándose ante esta incesante producción de lo nuevo; que mejor ejemplo de ello que la obsesiva actualización de nuestros perfiles en las redes sociales virtuales. Menos aún debe perderse de vista, que este supuesto carácter comunitario, colectivo e incluyente, calza perfectamente con los intereses económicos presentes desde las ideas fundadoras de la denominada web 2.0 como la red participativa, en donde es posible producir (a bajo costo, si es producido por los usuarios) casi cualquier tipo de contenidos: la red en la que el usuario está en el centro; de esta forma, nos convertimos, todos nosotros, en la más rentable y exitosa aplicación imaginada, pues a partir del mundo web 2.0, la killer App, somos los usuarios.

Volviendo a la cotidianidad y a los flujos, vale la pena preguntarse ¿Cómo es que lo insignificante se torno trascendente a través de las auto-narraciones de todos los días puestas a circular en la red?. Estos dilemas de la autorepresentación que antes de Internet se estudiaban en los encuentros cotidianos cara a cara, en las relaciones interpersonales, en el circulo presencial y cercano de familia, amigos y trabajo, pasaron a tener un nodo importante de acción en la sociedad conectada en red, manejada no olvidemos, por intereses de mercado. Así las cosas, aunque ahora pareciera que tenemos el poder de representarnos a nosotros mismos y de poner a disposición de millones esa auto-representación, este acto pequeño y personal se ha convertido también en parte de un complejo entramado de poderes que ha interesado de manera muy especial, a las grandes industrias del ocio y el entretenimiento.

En cuanto al audiovisual se refiere, independientemente de los videos caseros que se suben diariamente a portales como YouTube con la intención específica de lograr el llamado golpe de suerte, la fama y la popularidad de la viralidad, es innegable que el portal se ha convertido también en un reservorio de otros tantos videos que no tienen esta intención y que con el tiempo han ido transformándose, querámoslo o no, en un inmenso archivo de pequeñas historias personales, registradas en imágenes fijas o en movimiento, emparentadas con practicas de la memoria mucho más antiguas que YouTube pero que hoy en día podemos recorrer a la velocidad del clic. Videos de primeros pasos, cumpleaños, vacaciones, graduaciones, bodas, en fin, todo un repertorio de los eventos memorables en la vida de un ser humano, cuyas evidencias hasta hace unas cuantas décadas, estaban archivadas en álbumes de fotografías o en videocasetes, los cuales solo era posible mostrar a familiares y amigos en encuentros personales en los que además era necesario contar con una serie de aparatos para su reproducción. En YouTube, el numero de videos caseros en donde se muestran eventos familiares y niños pequeños son millones. Para enero de 2015, al hacer una búsqueda con la etiqueta general “home video” aparecen 224 millones de resultados; hay mas de 2 millones de videos en los cuales se registran celebraciones de 15 años. Bajo la etiqueta “baby eating” pueden observarse mas de 2 millones y medio de videos y para “bebe comiendo” (en español) mas de 100 mil; un numero similar se registra para las etiquetas “bebe caminando” y “baby walking”. Todas estas imágenes, hechas por “cualquiera”, perdidas en el mar de información de Internet, conforman un importante numero en el volumen total de producción de videos caseros en la red e irremediablemente nos remiten a las escenas históricas de las primeras imágenes en movimiento, que nos llevan a pensar en la necesidad humana de contarse y preservarse a si mismo y al entorno a través de imágenes, sonidos y relatos; es decir, las imágenes como prueba de quienes somos, del tiempo y el lugar en el que habitamos.

Un pequeño ejercicio de comparación, que por demás resulta interesante para establecer toda suerte de conexiones, nos muestra las imagenes del bebe comiendo de Lumiere que data de 1895 frente a una escena de un bebe comiendo grabada en 2012:

“Le Repas de bébé” – Lumiere (1895)

“Power of Gangman Style” – Andrew Tsai (2012)

A pesar de los más de 100 años de diferencia entre la captura de imágenes en movimiento de los Lumiere y los Tsai, podríamos establecer muchos elementos comunes -desde los más banales hasta los más profundos- que siguen estando presentes en ambas piezas audiovisuales: la silla de bebe, la cuchara, la comida, la mesa, incluso los gestos de ambos padres y de ambos bebes son muy similares. Las conexiones son tanto temáticas, como formales: la cámara fija, el tipo de plano, la acción sucediendo sin más, nos hablan quizás de necesarios procesos de cognición que se dan a través del manejo de los aparatos, en este caso las cámaras (de cine o de video) y que hasta hace poco tiempo estaban reservados a unos pocos poseedores de este “conocimiento experto”, pero que ahora, con el acceso, parecieran estar disponibles para quien quiera aprender, es decir, para quien tenga un poco de tiempo y curiosidad y se permita “probar cosas” con su cámara digital.

Este breve planteamiento busca evidenciar que el estudio del audiovisual amateur en Internet no puede entenderse a través de los postulados clásicos de los estudios audiovisuales, en donde el análisis formal y de uso del llamado lenguaje audiovisual es protagonista; por el contrario, estas nuevas perspectivas, de la mano de los estudios culturales, los estudios visuales, la antropología y la sociología de la tecnología entre otros, proponen otras preguntas. En lo personal se me ocurren unas cuantas: ¿Qué pasa cuando es justamente el flujo de lo banal y lo cotidiano lo que pareciera acercarnos al goce estético contemporáneo? ¿nos enfrentamos a una cotidianidad hecha, actuada, construida y puesta en escena para ser publica y a la manera del reality televisivo conquistar a un auditorio expectante?, ¿cuales son los cambios que se están generando gracias al posicionamiento de estos nuevos espacios ya no biográficos si no más bien auto-narrativos? ¿cuánto de nuevo hay en las formas en las que estos nuevos creadores aprenden y se familiarizan con la técnica a partir del uso de aparatos para registrar audio y video en la vida cotidiana?.

[1] Becaria posdoctoral en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades CEIICH-UNAM. (México). Doctora en Comunicación por la Universidad Nacional de la Plata, Argentina. Magister en Estudios Culturales y Reaizadora de Cine y Televisión por la Universidad Nacional de Colombia.  https://unam.academia.edu/AdrianaMoreno

Referencias:

Hernández, M. (2010). El descredito de la visión. Pasaje urbano, fotografía y verdad. Revista La Fuga, Dossier “Lugares y Perspectivas de la Teoría”.

Virilio, P. (1990). El ultimo vehículo. En: Videocuturas de fin de siglo. Madrid: Cátedra.

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Imágenes, inmigración y crimen en la prensa ilustrada del siglo XIX en Buenos Aires

Por Rosangela de Jesus Silva*

La prensa en el siglo XIX fue una plataforma fundamental en la divulgación, crítica y defensa de proyectos y políticas en los procesos de consolidación de las independencias y de construcción de los Estados Nacionales en América Latina. Las imágenes, que ganaron cada vez más espacio en este medio a partir de la segunda mitad del siglo, cumplieron diversas funciones: permitieron conocer rostros de héroes y gobernantes, crearon y divulgaron símbolos de los “nuevos” proyectos políticos y, entre otras funciones, contribuyeron también para presentar discursos visuales acerca de los espacios urbanos, de su ocupación por la población, así como también los problemas atribuidos a esa ocupación, como la realización de crímenes. En este breve texto, se pretende problematizar la construcción visual de los crímenes, asociados a la imagen de un sector específico de la sociedad – los trabajadores inmigrantes – en la ciudad de Buenos Aires, en la revista de publicación semanal El Mosquito[1] (1863-1893).

El Mosquito, periódico que se denominaba satírico burlesco, estuvo durante toda su existencia bajo la dirección de dibujantes franceses, primero Henry Meyer (1844 – 1899) y después Enrique Stein (1843 – 1919). En las cuatro páginas que el periódico poseía, inicialmente tenía apenas una ilustrada, pero la imagen fue conquistando espacio en la publicación, llegando a tener, excepcionalmente, números enteramente ilustrados. Según De Marco (2006) la revista conquistó rápidamente al público, sobre todo por la calidad de sus dibujos. Ésta dedicaba gran atención a los eventos políticos gubernamentales, pero era considera moderada, principalmente en relación a las instituciones oficiales (SZIR, 2009). A partir de la mitad de la década de 1880, comienzan a surgir relatos e imágenes de crímenes cometidos en Buenos Aires y alrededores. Este período se inició con la expansión económica y ferroviaria, reforma educacional – con exigencia de escuelas laicas -, registro civil y separación entre la Iglesia y el Estado, entre otras reformas. Es importante recordar que, según Hilda Sábato, durante la década de 1880 la inmigración habría aumentado cerca de diez veces. Sin embargo, “En poco tiempo, la Argentina pasó de una euforia expansiva a una de las crisis más graves de su historia, la que se desató hacia fines de la década de 1880.” (SABATO, 2012: 317).

Las políticas de inmigración fueron fomentadas por diversos Estados en América Latina y también fueron defendidas por inúmeras publicaciones ilustradas como forma de llevar esos “jóvenes” países al camino del “progreso” y de la “civilización” (SARMIENTO). No obstante, la llegada de diferentes personas y tradiciones culturales, fomentó la heterogeneidad en la sociedad, así como también la organización de movimientos de trabajadores con los cuales los gobiernos no estaban preparados o dispuestos a lidiar. En ese contexto, comienza a aparecer en la prensa la asociación – aparentemente de manera indirecta – entre inmigración y crimen, lo que puede ser observado en El Mosquito. En 1888, en los tres crímenes ampliamente comunicados e ilustrados por el periódico, hubo un énfasis en el envolvimiento de personajes extranjeros, siendo que, en apenas uno de ellos, el inmigrante fue la víctima.

Rogers Geraldine (2009) organizó un estudio sobre a Galería de los Ladrones de la capital[2], una publicación realizada en 1887 por el departamento de policía de la ciudad de Buenos Aires, cuyo objetivo era fijar “por medio de la fotografía y la palabra, la identidad de doscientos delincuentes con el fin de que pudieran ser reconocidos en la calle por los agentes policiales.”  Junto con cada fotografía, había una descripción cuidadosa de las características físicas, ocupación, grado de instrucción, así como de la nacionalidad de los individuos. Mercedes G. Ferrari (2009), en este mismo estudio, discute cómo el grupo allí retratado era fundamentalmente compuesto por las clases más bajas de la sociedad y sus ocupaciones eran relacionadas a pequeños servicios urbanos muy vulnerables a los movimientos de la economía. Varias de esas características fueron también resaltadas en los “criminales” apuntados en la revista.

En la segunda mitad del siglo XIX también vemos surgir estudios como el del italiano Cesare Lombroso (1835 – 1909) que defendía que la apariencia externa podría identificar criminales, ya que en ella serían perceptibles las cualidades natas del individuo. También, el médico francés Alexandre Lacassagne (1843 – 1824) asociaba la predisposición biológica con el medio social en el comportamiento criminal. El perfeccionamiento de la fotografía y las ciencias, ocuparon un papel muy importante para los medios de seguridad que buscaron respaldarse en esos estudios y técnicas para el desarrollo de su trabajo. El papel que la imagen desempeñó en ese medio fue, y todavía es, bastante valorizado. En este sentido, la prensa ilustrada mantuvo un diálogo proficuo con esos procesos y también aportó posicionamientos. Veamos uno de los casos presentados por El Mosquito en 1888.

Mosquito1
El Mosquito, 17 de junio de 1888

El número 1328 de El Mosquito fue exclusivamente dedicado a las cuestiones ligadas a El crimen de la calle Reconquista[3]. Las dos páginas centrales fueron llenadas con escenas del crimen, retratos de los criminales, de las víctimas, así como de retratos de los policiales que habrían solucionado todo el caso. La última página tenía una descripción de toda la planificación y ejecución del crimen, así como de las estrategias y todos los detalles del proceso de investigación policial. Según el relato publicado por la revista, todo habría sido planeado, algunos meses antes, durante un almuerzo, en un restaurante popular en el barrio La Boca – lugar tradicionalmente identificado como de trabajadores inmigrantes. Allí se reunieron Juan Sohn, José Videla, Constante Nuñez y Domingo Tarello. Este último era un inmigrante italiano que trabajaba como cargador en la calle Reconquista, en el centro de Buenos Aires, lugar donde ocurrió el crimen. Tarello habría convencido a los compañeros para robar una casa de cambio, la cual, entre las doce y las dos de la tarde, quedaba bajo la responsabilidad del joven Ernesto Giachero.  El día 26 de mayo de 1888, ejecutaron el plan, matando a Giachero y llevándose el dinero del establecimiento. El joven fue asesinado de manera violenta, primero recibió un golpe en la cabeza, propiciada por Tarello con una barra de hierro y después una puñalada bajo la oreja izquierda, realizada por Videla. Tarello y Videa habían entrado al establecimiento, mientras los otros se quedaban esperando en la puerta de entrada. Al momento de juntar el dinero, habrían percibido señales de vida en el joven, de modo que Tarello habría pedido el cinturón de Núñez con el cual lo estranguló. Luego del hecho, habrían huido y repartido el dinero. La secuencia de imágenes en las páginas de la revista establece jerarquías en relación a la importancia que la revista atribuye a los involucrados. En el centro y alto de la página, en formato oval, aparecen destacados los retratos de los cuatro policías que resolvieron el caso. Al lado y debajo, el lugar, la escena del crimen, la prisión de uno de los involucrados y un plano aéreo con la víctima muerta. El retrato de la víctima aparece, también en formato oval, en el centro inferior de la página. En el margen inferior – fuera de los marcos de diagramación de la revista -, son presentados los retratos de los “criminales”, sin ningún marco, bastante similar a lo que se puede observar en registros policiales del período. El orden en que aparecen – de izquierda a derecha – también es observada, pues sería de quien habría tenido más protagonismo y acciones violentas: primero, el italiano Tarello, seguido de Videla, Núñez y Sohn – este último con facciones indígenas, población que fue duramente atacada en el período a través de acciones del Estado para la expansión del territorio sobre sus tierras.

El periódico construye una narrativa visual explicitando su posicionamiento en relación a los involucrados. En el número siguiente[4], vuelve a ofrecer algunas imágenes donde presenta la escena de la preparación del crimen y el retorno de los criminales al establecimiento comercial en La Boca, sugiriendo el envolvimiento del dueño del restaurante Blaz Briz. Allí aparece el retrato de este, la escena de un banquete en homenaje a los policiales y cuatro personajes esposados y presos. Algunos números después, la revista parece ofrecer el resultado final del caso: una imagen, en el centro de la última página del número 1339[5], en la cual presenta lo que habría sido el suicidio de Tarello, ahorcado con un pedazo de tela en el escalón de la ventana de su celda. A pesar de que no haya una problematización del periódico en torno de la cuestión de la inmigración – no se percibió el establecimiento de una relación entre diferentes crímenes en los cuales se habla de la participación de inmigrantes -, la insistencia en esta información es algo que llama la atención, así como las resoluciones apuntadas por el periódico: la cárcel o la muerte para los “criminales” y la valorización del trabajo policial, o sea, parece haber una sintonía con las prácticas y discursos oficiales de los gobiernos, en una lógica que todavía parece tener resonancia.

Referencias:

DE MARCO, M. A. 2006. Historia del periodismo argentino: desde los orígenes hasta el centenario de Mayo, Buenos Aires: Educa.

FERRARI, M. G. “Saber policial”. Galerías de ladrones en Buenos Aires, 1880-1887. In: G. ROGERS. 2009, La galería de ladrones de la Capital de José S. Álvarez, 1880-1887.- 1ª ed. – La Plata: Universidad Nacional de La Plata. p. 7-17.

SABATO, Hilda. 2012. Historia de la Argentina (1852-1890), Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores.

SARMIENTO, Domingo Faustino. 1996. Facundo: Civilização e Barbárie, Petrópolis-RJ, Vozes.

SZIR, Sandra. M. De la cultura impresa a la cultura de lo visible. Las publicaciones periódicas ilustradas en Buenos Aires en el siglo XIX. In: GARABEDIAN, M. 2009, Prensa Argentina siglo XX: Imágenes, textos y contextos, colección Investigaciones de la Biblioteca Nacional: Teseo.

[1] El periódico puede ser consultado en: https://www.wdl.org/es/item/7788/

[2] Disponible en:< http://bibliotecaorbistertius.fahce.unlp.edu.ar/02.Rogers>. Acesso en 11 de junio de 2016.

[3] El Mosquito, N. 1328, 17/junho/ 1888, Buenos Aires, p.2 e 3.  Disponible en: https://www.wdl.org/es/item/8489/view/1/2/#q=%22crimen%20de%20la%20calle%20reconquista%22

[4] El Mosquito, N. 1329, 24/junho/1888, Buenos Aires, p.2 e 3. Disponible en: https://www.wdl.org/es/item/8490/view/1/2/#q=%22blas%20briz%22

[5] El Mosquito, N. 1339, 2/setembro/1888, Buenos Aires, p.4. Disponible en: https://www.wdl.org/es/item/8500/view/1/3/#q=el%20mosquito%2C%20septiembre%201888

* Post-doctora en Artes por la Universidad Estadual de Campinas/ UNICAMP (Brasil). Licenciada en Ciencias Sociales, con maestría y doctorado en Historia del Arte de la Universidad Estadual de Campinas. Es profesora en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana/UNILA (Brasil).