Mirar a los muertos

por Diana María Perea Romo (Universidad Autónoma de Sinaloa, México)

El 6 de octubre de 2015 el portal de noticias La Pared publicó una nota donde se mostraba información oficial que colocaba a Culiacán, Sinaloa, como uno de los 40 municipios de México con una alta incidencia en delitos de alto impacto, como secuestros, homicidios dolosos y extorsiones.[i] Para ilustrar la nota los editores del portal eligieron una fotografía de Ernesto Martínez que enmarcaba el cadáver de un joven yaciente en el asiento delantero de un coche, víctima de un asesinato a balazos, ante la mirada atenta de una niña que se había acercado para contemplarlo.[ii]

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Entre el mundo de imágenes que hablan sobre la violencia, esta nos subyuga por la mirada incisiva de la pequeña. En esta fotografía el punctum se encuentra en la mirada desnuda e inmutable ante la muerte, misma que nos hace reflexionar sobre la pérdida de la inocencia, del asombro ante la violencia. Si comparamos esta imagen con una tomada en Mazatlán, Sinaloa, en 1912, donde una multitud observa el cadáver calcinado de una víctima civil en las refriegas de dos bandos contrarios durante la Revolución Mexicana, encontramos la presencia en un primer plano de unos niños y una niña, que observan la muerte con la misma proximidad y curiosidad que la niña de la actualidad.[iii]

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A través de ambas imágenes podemos tratar de distinguir los cambios de actitud ante la muerte a lo largo del tiempo: que nos llevan a juzgar una mirada mordaz en la niña de la actualidad y una más compasiva entre los niños y adultos de hace un siglo. No obstante, debemos entender que ambas imágenes muestran un mismo principio: la atracción ejercida por los cuerpos yacientes. Lo que subyace con el paso de los siglos es nuestro inevitable acercamiento a la muerte: miramos cadáveres, nos sentimos atraídos por la violencia ejercida sobre los cuerpos.

En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag reflexiona sobre nuestra apetencia por vistas de la degradación, el dolor y la mutilación. Para Sontag, “la apetencia por las imágenes que muestran cuerpos dolientes es casi tan viva como el deseo por las que muestran cuerpos desnudos”. Al mirar representaciones de tormentos, o cuando los viandantes se detienen frente a un accidente no se expresa una simple curiosidad, sino “el deseo de ver algo espeluznante”. [iv]

De alguna forma, en la imagen del cadáver de una joven víctima de los enfrentamientos entre grupos armados y fuerzas federales en Mazatlán, Sinaloa en 1912, nos acercamos a esta apetencia descrita por Sontag. En esta toma el fotógrafo ha elegido un encuadre más cerrado, centrándose en el cuerpo de la joven yaciente en una banqueta y los pies de los curiosos a su alrededor. En la composición existe una especie de belleza, de placer estético dado por la mancha de sangre en el vientre de la joven y la sangre que brota de su boca y se escurre hacía su cuello. A su alrededor aparecen pies masculinos de distintas clases, algunos cubiertos con zapatos lustrosos, otros más desgastados, huaraches y pies descalzos.[v]

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A través de esta imagen ponemos a prueba los límites entre la piedad y el espectáculo de la muerte. Los pies de los testigos de hace más de un siglo denotan una posible inclinación en uno u otro sentido, rodean a la joven que descansa con los brazos sobre su vientre ensangrentado, al parecer alguien colocó un paño bajo su nuca, nos situamos en un punto medio entre el dolor y el deleite. El lado derecho de la acera está despejado para un espectador más, el fotógrafo, que usando la cámara enmarcará la muerte, “todas las fotografías son memento mori. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa”.[vi]

Hasta este punto cabe recordar que estas imágenes fueron producidas para un espectador externo al plano fotográfico, el consumidor de la fotografía, para quien “la imagen opera como mediadora en la organización de nuestra experiencia humana”,[vii] en este caso, nuestra experiencia ante la muerte. En sus ensayos Sobre la fotografía (1977) y Ante el dolor de los demás, Susan Sontag caló hondo al plantear los dilemas éticos en nuestra experiencia frente a las imágenes del horror, de la violencia y muerte, por lo que es un lugar común el pensar en las mismas como parte de “el horror anestésico que nos ceba todos los días”.[viii] En última instancia los espectadores finales, los de las postales de 1912 o las imágenes de prensa en la actualidad somos parte de una misma disyuntiva: el placer o la compasión.

Notas

[i] Publicado en http://laparednoticias.com/culiacan-entre-los-40-municipios-del-pais-con-delitos-de-alto-impacto/

[ii]  La idea de este escrito surgió a raíz de una conversación con el periodista Martín Durán, editor del portal La Pared.

[iii] Colección Miguel Tamayo Espinoza de los Monteros.

[iv] Susan Sontag, Ante el dolor de los demás, México, Alfaguara, 2004, pp. 52, 111-113.

[v] Colección Miguel Tamayo Espinoza de los Monteros.

[vi] Susan Sontag, Sobre la fotografía, México, Alfaguara, 2006, p. 32.

[vii] Ian Heywood and Barry Sandywell eds., The handbook of Visual Culture, London, New York, Berg, 2012, p. 12.

[viii] Susan Sontag, Sobre la fotografía, México, Alfaguara, 2006, p. 125.

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2 respuestas a “Mirar a los muertos

  1. La víctima de la segunda foto es un soldado federal que no alcanzo a embarcarse en la retirada del sitio de Mazatlán durante la Revolucion, no es un civil, véase que esta uniformado y con gorra. Hay varias fotos de otros federales muertos en la playa de Olas Altas.

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    1. Estimado Juan José Rodríguez, muchas gracias por visitar el blog de la Red de Estudios Visuales Latinoamericanos y dejarnos sus valiosos comentarios. Tiene usted razón al señalarme el detalle de la gorra sobre el pecho y el traje del cadáver masculino como un posible uniforme federal, aspecto sobre el que seguiré indagando, ya que aún no cuento con la información suficiente que me permita precisar la identidad de los cadáveres que presento en este texto. Por otra parte, me gustaría aclararle que las fotografías de los soldados federales muertos en la playa de Olas Altas y la serie de imágenes que presento en este escrito no pertenecen al mismo contexto. El par de fotografías que aquí comento fueron producidas por la firma CA (Compañía Artística) en marzo de 1912 y las fotografías de los federales muertos que usted me señala pertenecen a la serie del fotógrafo José María Guillén, quien las tomó en agosto de 1914. No obstante, me parece muy interesante que haga la relación entre ambas series de imágenes, ya que las fotografías de Guillén, nos permiten ampliar la reflexión que he iniciado en este texto sobre la manera en que miramos a la muerte.

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